Mientras todo temblaba, Hernán sólo podía pensar en encontrar a sus hijos. Ellos son su principal motivo para rehacer su vida.

“Mi misión es luchar por mis hijos. Por ellos, nada más”, dice Hernán Cortez, un padre de familia de Portoviejo, Manabí.

Tras el terremoto del 16 de abril, él vive en un albergue informal junto con su esposa y sus tres hijos: Gia, de 5 años; Silvio, de 4; y Diego, de 7.

“El día del terremoto, me encontraba haciendo compras por el mercado de Portoviejo. Primero se escucharon gritos y luego la tierra empezó a moverse de un lado para otro, como una hamaca. Después empezó a salir humo por todos lados, de los edificios donde vivíamos nosotros. Me encontré postes caídos, gente atrapada, personas que gritaban. Mi única desesperación era llegar a mis hijos”, cuenta Hernán mientras ve a sus hijos jugar con un rompecabezas cerca de él.

El terremoto de Ecuador destrozó muchos hogares y dejó más de 600 fallecidos. Sin embargo, su familia está completa y su amor se ha fortalecido para combatir con el miedo que sigue asechando a grandes y niños. “Ellos ya no quieren estar solos. Si no me ven, salen a buscarme enseguida”, comenta. “Se asustan mucho, los niños han quedado mal, han quedado traumatizados aquí”.

A pesar de las circunstancias difíciles, Hernán dedica parte de su jornada a cuidar de sus hijos y cocinar alimentos para ellos. Con alegría cuenta que a ellos les gusta la comida que prepara, “la sazón viene del amor con que se hacen las cosas”, dice sonriendo.

Con su familia, procuran mantener el ánimo a pesar de haber perdido su hogar y su negocio. Sabe que no es el único que debe recomenzar en Manabí.

Por eso envía un mensaje a todos los padres que se encuentran en la misma situación, para que no desmayen y saquen la fuerza del amor inmenso que sienten por su familia: “Tenemos una misión con nuestros hijos: educarlos, darles de todo, ver por su bienestar y guiarles por el buen camino”.

Hernán espera conseguir pronto un trabajo estable para brindar lo necesario a su familia; ya está pensando en como ahorrar y, a futuro, tener el restaurante que siempre ha soñado.

Redacción por: Adriana González, UNICEF.

Cada historia representa la realidad de miles de niños en Ecuador.