Mi nombre es Rosswell Castro, tengo 16 años, vivo en Jama, Manabí. Mi provincia fue una de las zonas más afectadas por el terremoto de 7.8 que golpeó a Ecuador el pasado 16 de abril.

Tras el sismo, me involucré como voluntario en el programa “Retorno a la Alegría”. Aprendí mucho de esa experiencia. Pude reconocer mis fortalezas. Y me di cuenta que podía salir adelante pese a la adversidad. A través de este programa, pude ayudar a los niños más pequeños a comprender lo que había ocurrido. Vi como perdían el miedo y volvían a sonreír. Esto me llenó de satisfacción y fuerza.

Aprendí que ellos dan siempre lo mejor de sí mismos, que no hacen distinciones de género o raza con nadie, que los niños simplemente son niños, son felices y comparten lo que tienen a mano.

Aunque el terremoto nos afectó a todos, aprendí de los niños que se puede siempre sonreír, yo obtuve más de lo que di, aprendí a ser un poco más feliz.

La realidad de Jama hubiese sido totalmente diferente si no hubiera sido por la ayuda que llegó. Las escuelas temporales nos permitieron conectarnos con nuestros compañeros nuevamente y volver a estudiar. Tomamos fuerza y pudimos ver que podíamos fortalecernos como comunidad y como cantón.

Roswell fue uno de los 25.000 beneficiaros de los programas de apoyo psicosocial que UNICEF brindó a los niños, niñas y adolescentes afectados por el sismo. Su labor ha cambiado la vida de muchos niños y ha inspirado nuestro trabajo diario.