La niña de 12 años llegó hasta el centro de operaciones de emergencia en Pedernales para buscar agua y comida.

La vida de Micaela Chila, de 12 años, se sacudió el pasado 16 de abril, cuando un terremoto de 7,8 grados azotó Pedernales, la localidad de la provincia de Manabí donde vivía con su familia y que fue epicentro del sismo.

Miedo. Así describe Micaela los 42 segundos en que tembló la tierra.

Ella cuenta que se salvó porque con sus hermanos se metió debajo de una mesa. Luego del terremoto, su hermana vio que el mar se había alejado de la playa, por lo que su familia decidió abandonar el lugar y fueron hasta un sitio alto, por temor a que viniera un maremoto. Desde entonces viven en una cabaña prestada.

“Estamos bien, pero nos falta comida y otras cosas. Espero que nos ayuden, especialmente a los niños”, decía Micaela en el estadio Maximino Puertas, que sirvió de centro de operaciones de emergencia y donde se concentraron las distintas organizaciones que se hicieron presentes en la zona. Como tantos otros niños, ella llegó hasta ahí con su familia para buscar agua, comida y contención emocional.

Sin energía eléctrica, las noches eran angustiosas. Más aún cuando la tierra volvía a mecerse. “Estos temblores son terribles. Viví muy mal la réplica de ayer, donde estábamos parecía que todo se iba a caer”.Pero poco a poco el miedo cede espacio a la esperanza y Micaela vuelve a soñar: “Quiero que haya calma para toda la gente”. Y lo que más anhela es volver a la escuela; no quiere perder el año.

Desde que el gobierno nacional declaró el estado de emergencia, UNICEF ha enviado equipos a las zonas más afectadas y ha entregado suministros de ayuda humanitaria para los niños, niñas y adolescentes afectados por el terremoto.

Redacción por: Diego Brom, UNICEF.

Cada historia representa la realidad de miles de niños en Ecuador.