Milagros nació en Pedernales el 16 de abril, el día en que el terremoto de 7,8 grados golpeó la costa de Ecuador. Pese a la catástrofe, gracias al cuidado de su madre, Yajaira Altafulla, y su familia, hoy está sana y crece en un albergue temporal.

“El día del nacimiento de mi hija fue tan bello, ella salió enseguida”, cuenta la madre mientras mece a la pequeña en una hamaca bajo la carpa donde vive también con su otra hija, Micaela.

Ese día, Yajaira y su mamá fueron al centro de salud caminando. Los dolores eran tan intensos que casi da a luz en la calle, pero logró llegar hasta la casa de salud. Su niña nació en la madrugada, a las 03:45 del sábado 16 de abril.

Cuando amaneció, los médicos le dieron el alta y le mandaron a reposar con su recién nacida. “Toda mi familia me estaba esperando en la casa, fue algo maravilloso que todos se reunieran ese sábado”, cuenta Yajaira.

 

Pero unas horas más tarde la tierra tembló. “Era una desesperación terrible, se caían las paredes de mi casa. Mi mamá salió a buscar a mi otra niña y por suerte la tenía mi papá en los brazos, si no se le caía toda la pared. En lo que se fue a buscar a Micaela, a mi mamá se le cayó la pared encima y le dañó el pie. Ella quedó como inconsciente y permaneció debajo de la mesa”, relata Yajaira.

“Todo se caía, se cortó la luz, fue terrible. Toda mi familia estaba afuera, gritaban, lloraban, no sabíamos si iba a seguir más fuerte. Decían que el mar se retiró, que venía una ola gigante, todos corrían y yo no podía correr. Algo me decía que me levante, porque se iba a caer la pared. Cogí a mi hija y en ese momento entró mi hermana llorando, toda mi familia entró para ver si me había pasado algo. Les dije que estaba bien, que la niña estaba bien”.

Yajaira, su familia y sus vecinos corrieron hasta una loma, para resguardarse ante la posibilidad de que ocurriera un maremoto. Algunas personas de la comunidad se guarecieron en una escuela, pero nadie pudo dormir esa noche.

Al día siguiente, cuando ya pasó lo peor, la gente le preguntaba a Yajaira qué nombre le iba a poner a niña. “Ponle María del Terremoto, me decían. Pero cuando crezca me va a matar, les decía”, cuenta con humor Yajaira.

“Finalmente, la llamé Milagros Saraí. Mi hija es un milagro de Dios, porque está viva, no le pasó nada, en medio de tanto desastre que hubo en la casa, no se le cayó la pared encima y hasta ahora está bien. Ni fiebre le dio, está sanita”.

Redacción por: Diego Brom, UNICEF y entrevista por: Najwa Mekki, UNICEF.

Cada historia representa la realidad de miles de niños en Ecuador.