Las zonas afectadas por el terremoto son las que más casos de Zika registran.

Yadira, María Isabel y Lisseth son tres jóvenes madres manabitas cuyas vidas se desarrollan en locaciones diferentes, tienen modos de vida distintos, pero comparten algo en común, su temor al Zika. Son tres de los 181 casos de mujeres embarazadas infectadas por el virus hasta el mes de agosto. Lo contrajeron después del terremoto del 16 de abril.

“Me preocupé, me puse a llorar, no sabía qué hacer cuando me dijeron que yo tenía Zika”, confiesa Yadira, a quien le detectaron Zika a las 39 semanas de embarazo.

A María Isabel, con 24 semanas de embarazo, le sucedió algo similar. Cuenta que una gran tristeza la invadió cuando los médicos le confirmaron su infección por Zika: ”Me preocupé por la niña porque me dijeron que podía afectarle al cerebro”.

El mismo sentimiento invadió a Lisseth. Tiene 33 semanas de embarazo y se encuentra a la espera de los resultados de sus exámenes médicos. Fue al Centro de Salud porque presentó sarpullido. “No pensé que era Zika, pensé que era una alergia”, afirma. Cabizbaja y pensativa, Lisseth se pregunta cuál será el resultado de sus exámenes y cómo esto influirá en la vida de su bebé.

Desde el terremoto, los casos de Zika han aumentado de 92 en abril a 1,970 en agosto de 2016. La mayoría (80%) se registran en la provincia de Manabí, la más golpeada por el sismo.

UNICEF está apoyando al Gobierno de Ecuador con una campaña nacional de sensibilización, material didáctico sobre prevención del Zika para docentes y estudiantes, kits de uso personal para mujeres embarazadas e insumos de limpieza de tanques bajos para las familias de las zonas más vulnerables. Esto ha sido posible, gracias al apoyo de cientos de donantes que se han sumado al trabajo de UNICEF en la respuesta a la emergencia.