“¿Qué ser humano puede ver el sufrimiento aturdido de Omran Dagneesh, el niño pequeño rescatado de un edificio destruido en Alepo, Siria, y no sentir una abrumadora sensación de empatía?

“¿Qué ser humano puede ver el sufrimiento aturdido de Omran Dagneesh, el niño pequeño rescatado de un edificio destruido en Alepo, Siria, y no sentir una abrumadora sensación de empatía? ¿No podemos ofrecer esa misma empatía a los más de 100.000 niños que están también atrapados en el horror de Alepo? Todos ellos están padeciendo cosas que ningún niño debería sufrir, ni siquiera ver. Pero la empatía no es suficiente. La indignación no es suficiente. La empatía y la indignación deben ir acompañadas de la acción. Los niños de la edad de Omran, en Siria, no han conocido más que el horror de esta guerra librada por adultos. Todos debemos exigir que esos mismos adultos pongan fin a la pesadilla de los niños de Alepo”.