Cada uno de los operadores de los tres call centers que funcionan en Quito debe hacer un promedio de 200 llamadas al día para conseguir nuevos donantes de UNICEF que se comprometan con la niñez.

“Es realmente una habilidad, saber escuchar y buscar la forma de sensibilizar a un desconocido. Por eso quiero agradecerles y reconocer la importancia de su trabajo”, dijo Grant Leaity, representante de UNICEF en Ecuador, durante una de las visitas a las centrales telefónicas que realizó. Leaity también mencionó que los fondos se dirigen principalmente a los programas locales pero también sirven para responder oportunamente a emergencias de gran escala en cualquier parte del mundo, como ocurrió con el terremoto de Nepal, en 2015, y ahora con el reciente sismo que azotó la costa ecuatoriana.

Esa es la trascendencia del trabajo de los operadores que buscan nuevos contribuyentes. Cada contacto telefónico es una posibilidad de salvar vidas de niños, niñas y adolescentes o de transformar las condiciones en que se desenvuelven, a través de los programas nacionales enfocados en las áreas de salud y nutrición; educación; protección; inclusión y emergencias.

“En lo personal, este trabajo me aporta mucho. En el día a día nos ahogamos en nuestros problemas y no nos ponemos a pensar en que hay niños que no tienen nada, que viven violencia extrema o cualquier otro peligro”, dice Jaqueline Castro, quien trabaja desde hace cuatro años para la campaña de UNICEF.

Aída Acosta siente lo mismo. Ella coordina la campaña de uno de los centros y es madre de tres hijos. No puede evitar pensar en que sus niños podrían ser quienes necesiten apoyo. “Por eso motivo, a los operadores a que no se defrauden si reciben rechazos, tienen que seguir esforzándose, porque, además de cumplir con su labor, ellos son las voces de los niños”.